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miércoles, 5 de octubre de 2011

YOSEMITE NATIONAL PARK 3


Not so stupid.

En un autobús con una superficie no mayor de cincuenta metros cuadrados, dieciocho personas de distintas edades y orígenes, han viajado durante cuatro días y cuatro noches a lo largo de millas y millas de imponentes paisajes.

Y han encontrado el modo de comunicarse, de convivir en un autobús, de construir una pequeña comunidad temporal, de quererse de algún modo, de ayudarse mutuamente, de caminar juntos hasta las cumbres desde los más profundos valles.

Puede ser que el ser humano, al fin y al cabo, no sea tan estúpido.

YOSEMITE NATIONAL PARK 2



Stupidity.

Es en lo que más pienso durante este viaje. En las razones de la estupidez del ser humano.

Con una cascada de doscientos metros de altura atronándote los oídos, bajo una imponente puesta de sol tiñendo el cielo de colores inesperados, después de haberte pegado con la roca para llegar al punto más alto de una tremenda montaña, frente a la soledad de un desierto, a los pies de un árbol que podría albergar a tres familias, uno que sea mínimamente razonable debería perder toda su arrogancia. Debería asumir la insignificancia del ser humano, y aceptar que, de nuevo, nature doesn't wait for you.

Aquí en el Yosemite, mis pies desnudos se han conectado con toda la fuerza de la única verdad que existe y me he sentido absolutamente insignificante, totalmente prescindible... y completamente FELIZ.

YOSEMITE NATIONAL PARK 1


Uno de mis compañeros de viaje, Oliver, dice que está seguro de que los terremotos deben afectar mucho al estado de ánimo y al enfoque que los Californianos tienen de la vida. Porque lo que siempre pensaste que sería firme y fiable, tu sustento y lo único que existe, la Tierra, se sacude, y deja de ser fiable, sustento y firme.
En la cumbre del Lembert Dome, a 3.500 metros sobre el mar, el viento es tan fuerte que no oyes tu propia voz al hablar. Te empuja tan fuerte que, sin darte cuenta, te arrastra peligrosamente hacia el borde del bloque de granito.
Te podrías precipitar al vacío por la fuerza de la Naturaleza, tal y como los terremotos te roban el sustento.